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Aristóteles
Filósofo

Aristóteles

IV century BC
384 BC – 322 BC · also the Stagirite, Arisṭāṭṭil, Aristo, Aristote

El maestro de Aristóteles, Platón, situaba el verdadero ser en los cielos: lo realmente real son las Formas eternas, y las cosas que nos rodean no son más que sus pálidas sombras. Aristóteles, su discípulo más querido y más dotado, llevó a cabo una revolución silenciosa: devolvió la realidad de los cielos a la tierra. Lo que existe de verdad no es «la idea de silla», flotando en algún lugar más allá del cielo, sino esta silla concreta. Las Formas no planean aparte: están dentro de las cosas.

De ahí su célebre pareja de forma y materia. En cualquier cosa hay materia (aquello de lo que está hecha) y forma (aquello que es). El bronce es materia; el contorno de la estatua, forma; y ambas no existen por separado, sino solo juntas, en la estatua misma. Todo en el mundo es materia a la que se ha dado forma, y todo aspira a realizar su forma: la bellota aspira a convertirse en roble. A esa «realización», a ese movimiento hacia el propio fin, Aristóteles lo llamó entelequia.

Para explicar cualquier cosa, pregunta por sus cuatro causas: la causa material (¿de qué está hecha?), la formal (¿qué es?), la eficiente (¿quién la hizo?) y la final (¿para qué?). La última es la clave: para Aristóteles el mundo no es un mecanismo, sino un todo atravesado de fines; todo está dirigido hacia algo. Esta mirada — cada cosa tiene un fin — modelaría el pensamiento europeo durante dos mil años.

Pero si cada cosa se mueve por el afán de su propio fin, debe existir también aquello por lo cual todo se mueve. Así llega Aristóteles al Primer Motor — la fuente de todo movimiento, que es en sí misma inmóvil. Es lo único en el universo que es pura forma sin materia alguna: el fin último hacia el que es atraído todo el ser, sin que él mismo necesite de nada. El Dios de Aristóteles mueve el mundo no con un empujón, sino como el amado mueve al amante: por atracción.

El mismo razonamiento lo aplica al hombre: el alma es la forma del cuerpo. No es prisionera de la carne, como en Platón, sino la realización de la carne: aquello que hace vivo a un cuerpo vivo. Alma y cuerpo son inseparables, como son inseparables la forma y la materia en la estatua. Y lo más alto en el hombre es la razón; la felicidad (eudaimonía) no está en el placer ni en los honores, sino en una vida activa conforme a la razón y la virtud.

Aristóteles fue el primero en convertir la filosofía en un sistema de ciencias: lógica, física, ética, política, poética. En política es sobrio: las mejores formas de gobierno degeneran (la monarquía en tiranía, la democracia en dominio de la turba), y la más estable es la «politeia» — un régimen mixto que descansa en la clase media. En todas partes busca no un ideal en los cielos, sino una medida razonable aquí en la tierra.

Adónde conduce Aristóteles. Mil años después, Tomás de Aquino retomaría su forma-como-fin y su Primer Motor y los llevaría a la teología cristiana: Dios como el fin hacia el que aspira la creación. Y su pregunta «cuál es el fin del hombre» es un eslabón de ese debate sobre el ser humano que atraviesa todo el pensamiento: véase la ruta «Qué es el ser humano».
En otros sitiosWikipedia · Stanford Encyclopedia of Philosophy
Una voz en el arco — una sola ley de la historia, en rostros. More of the 4th century BC: the whole age at once
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