Marina Tsvetáieva escribió poemas que suenan como una conversación sostenida en un tono más alto — no declamación, sino habla, apasionada y exacta. «Me gusta que usted no esté enfermo de mí». «Ayer todavía me miraba a los ojos». Cada poema se lee como una interpelación directa a alguien en particular.
Nació en Moscú en 1892. Su padre era Iván Tsvetáiev, el profesor que fundó el Museo de Bellas Artes; su madre, pianista, murió pronto. Marina escribió versos desde la infancia.
La emigración fue Praga, Berlín, París — pobreza, oscuridad, añoranza. En 1939 volvió a Rusia: su marido fue detenido y fusilado, su hija enviada a un campo de trabajo.
En agosto de 1941, en la evacuación de guerra, en Elábuga, se ahorcó. Tenía cuarenta y ocho años.