Varlam Shalámov pasó diecisiete años en los campos. Los Relatos de Kolimá los escribió después, a lo largo de veinte años. No son memorias ni acta de acusación: son prosa en la que cada palabra pesa como una piedra.
Nació en Vologda en 1907, hijo de un sacerdote. Llegó a Moscú, estudió derecho y se unió a círculos trotskistas. Primer arresto: 1929, tres años. Segundo: 1937, cinco años en la Kolimá. Tercero: 1943, diez años más — por llamar a Bunin «un clásico ruso».
En los Relatos de Kolimá no hay heroísmo, ni voluntad de vivir exhibida como virtud. Hay seres humanos reducidos al mínimo. Hambre, frío, miedo, muerte arbitraria. Shalámov sostenía que la experiencia del campo no ennoblece: destruye. Eso lo enfrentó al Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn, y los dos hombres rompieron.
Murió en 1982 en una residencia para inválidos, ciego y casi sordo.