Alfred Schnittke escribía música como si varios siglos pudieran vivir a la vez dentro de una sola composición. Barroco y jazz, coral y kitsch: el poliestilismo — el término era suyo — no era eclecticismo, sino el reflejo de un mundo fracturado.
Nació en 1934 en Engels, en una familia alemana, y estudió en el Conservatorio de Moscú. Escribió para el cine soviético: más de cien películas. Oficialmente su música casi no se interpretaba: demasiado difícil, demasiado extraña.
Los años ochenta trajeron el reconocimiento internacional. El concierto para violonchelo, las sinfonías, los cuartetos, el Réquiem: todo se tocaba en Occidente mientras en la URSS esperaba su turno.
En 1985 sufrió su primer derrame cerebral. Luego otro. Siguió componiendo, dictando las notas. Se trasladó a Hamburgo. En 1994 vinieron un nuevo derrame y la pérdida del habla; componía por gestos. Murió en 1998. Su música es como la mirada de un hombre que recuerda demasiado.