Saulo, más conocido como Pablo, es una de las figuras centrales del cristianismo — un apóstol que tuvo parte decisiva en la difusión de la fe cristiana en el siglo primero.
Nació en Tarso, en la actual Turquía, en una familia judía, y poseía la ciudadanía romana. Educado en la tradición judía, se hizo fariseo.
Al principio fue enemigo del cristianismo y perseguidor activo de los seguidores de Jesús, tomando parte en arrestos e incluso en ejecuciones — entre ellas el martirio de Esteban, el primer mártir cristiano. Luego vino el gran vuelco: en el camino de Damasco se le apareció Jesús resucitado. El acontecimiento, descrito en los Hechos de los Apóstoles (Hechos 9:1–19), fue el punto de inflexión de su vida.
Tras su conversión, Saulo pasó a ser conocido como Pablo y se lanzó a predicar. Hizo varios viajes misioneros por las regiones del Imperio romano, a través de Asia Menor y hasta Europa, fundando comunidades cristianas a su paso. Es también autor de muchas de las epístolas que entraron en el Nuevo Testamento — cartas dirigidas a comunidades y personas concretas, donde expone su enseñanza sobre la fe, la moral y la vida de la Iglesia.
Según la tradición, Pablo fue arrestado y probablemente ejecutado en Roma durante la persecución de los cristianos bajo el emperador Nerón. Se le cuenta entre los apóstoles y teólogos más influyentes de la historia cristiana; su enseñanza y sus cartas han moldeado profundamente la teología y la práctica cristianas.