Isaac Asimov escribió más de quinientos libros: de física, química, biología, historia, estudios bíblicos, humor, novela policiaca y, por supuesto, ciencia ficción. Nunca se cansó, porque escribir era su manera de respirar.
Nació en 1920 en Petróvichi, en la región de Smolensk, en una familia judía que emigró a Nueva York cuando él tenía tres años. Su padre tenía una confitería; Isaac leía todo lo que caía en sus manos. A los diecinueve vendió su primer relato a Astounding Science Fiction.
Yo, robot, la colección de relatos donde se formularon las Tres Leyes de la Robótica, es más que ciencia ficción: es ética vertida en forma de acertijo. Fundación es un ciclo sobre científicos que intentan acortar la edad oscura que sigue a la caída de una civilización galáctica, de treinta mil años a solo mil: la ciencia como instrumento de compasión.
Asimov casi nunca salía de casa; era agorafóbico. Escribía ocho horas al día, a máquina y más tarde en computadora. Murió en 1992 a causa del VIH, contraído por una transfusión de sangre durante una operación de corazón. Hasta el final de su vida decía que su mayor miedo era morir sin haber leído todos los libros que aún pensaba leer.