Aleksandr Tvardovski está entre los poetas rusos más significativos, y su obra está ligada de manera inseparable a la historia de su país. Nació en la aldea de Zagorie, en la provincia de Smolensk, en una familia campesina, y fue ese vínculo con el pueblo, con la tierra y con las vidas corrientes lo que se convirtió en el cimiento de su poesía. Vivió una época de grandes convulsiones y cambios, y su escritura se hizo espejo de lo que el país atravesó, desde la Segunda Guerra Mundial hasta los años que la siguieron.
La primera de sus obras es el poema narrativo «Vasili Tiorkin», que llegó a ser uno de los poemas más queridos y famosos de aquella guerra. Cuenta la historia de un soldado corriente que llegó a encarnar al pueblo ruso, su fuerza y su entereza. Más allá de Tiorkin, Tvardovski escribió mucho más: lírica y poemas extensos sobre la guerra, el amor, la naturaleza y la existencia humana.
Fue más que un poeta dotado; fue una presencia activa en la vida cultural del país. Como redactor jefe de Novy Mir presidió la que llegó a ser una de las revistas literarias más influyentes del país. Comprometido con las ideas de la justicia social y de la democracia, usó la revista como tribuna para la discusión de las cuestiones sociales urgentes. Su poesía y su periodismo estaban informados por igual por una comprensión honda de la naturaleza humana y por un afán de verdad y de justicia.
Su vida no careció de penalidades ni de paradojas. Hombre de voluntad fuerte y de convicciones firmes, se vio obligado sin embargo a vivir en una época de presión ideológica y de censura. Aun así logró preservar su libertad creadora y siguió escribiendo una poesía fiel a sus ideales y principios. Fue también un hombre de contradicciones profundas — patriota y disidente a la vez — y su poesía refleja la complejidad y las muchas caras de su carácter.
Tvardovski sigue siendo hoy una figura importante de la cultura rusa. Su poesía todavía se lee y se estudia, y sus ideas sobre la justicia social y la democracia no han perdido urgencia. Vivió una época de grandes convulsiones y conservó, sin embargo, su fe en el ser humano y en su promesa. Su obra queda como testimonio del poder del arte y de la literatura, y su legado sigue inspirando a nuevas generaciones de lectores y escritores.