Bernard Shaw no reconocía autoridad alguna, Shakespeare incluido. La «bardolatría», el culto al Bardo, le parecía una especie de superstición religiosa. Y sin embargo él mismo escribió más de cincuenta obras de teatro y ganó tanto el Premio Nobel como un Óscar (por el guion de Pigmalión).
Había nacido en Dublín en 1856. Su padre bebía; su madre se marchó a Londres a perseguir una carrera de cantante. A los veinte años, Shaw la siguió. Nueve años de penuria, cinco novelas inéditas. Después vinieron la crítica, el periodismo, el socialismo, la Sociedad Fabiana.
Pigmalión, La casa de los corazones rotos, Santa Juana, La comandante Bárbara: obras donde la gente conversa con ingenio y piensa en voz alta sobre lo que suele callarse. Fue vegetariano, militante contra la guerra y provocador.
Murió en 1950, a los noventa y cuatro años, tras caer de un árbol que intentaba podar en su jardín.