Walter Scott inventó la novela histórica — el género en el que el pasado cobra vida. Antes de él, la historia pertenecía a las crónicas y a los tratados eruditos. Después de él, Dumas, Flaubert y Tolstói pensarían en cómo retratar desde dentro a los hombres del pasado.
Nació en Edimburgo en 1771. Una polio infantil lo dejó cojo. Se formó en derecho y coleccionó folclore escocés; sus primeras publicaciones fueron baladas y poemas. Luego vinieron las novelas: Waverley, Ivanhoe, Rob Roy, Quentin Durward.
Ivanhoe (1819) nos da la Inglaterra caballeresca — judíos y sajones, Ricardo Corazón de León y el villano Bois-Guilbert. Scott sabía crear personajes que aún se recuerdan doscientos años después.
Arruinado por las deudas de su editor, trabajó hasta la muerte para saldarlas, escribiendo en los años que le quedaban novelas que valían millones. Murió en 1832, con las deudas casi saldadas.