Alexander Schmemann fue un teólogo capaz de explicar por qué la Eucaristía no es un rito, sino una realidad. Sus libros los leen por igual ortodoxos, católicos y protestantes, porque hablan de algo que importa más que las fronteras confesionales.
Nació en 1921 en Reval (Tallin), en una familia de emigrados rusos, y creció en París, donde estudió en el Instituto de Teología de San Sergio. En 1951 se trasladó a Estados Unidos y enseñó en el Seminario de San Vladimir, en Nueva York, durante el resto de su vida.
Por la vida del mundo es su libro central: el cristianismo, sostiene, no es una religión de lo «espiritual» opuesto a lo «material», sino la santificación del mundo mismo: de su comida, su agua, su tiempo. La teología litúrgica como encuentro con la realidad.
Sus emisiones de radio las escuchaban millones de personas en la URSS: una voz serena sobre cosas de las que no se hablaba en ninguna otra parte. Murió de cáncer en 1983. Sus Diarios, publicados tras su muerte, se convirtieron en un libro más: sobre la duda, el cansancio y la fe.