Gustav Mahler decía: «Una sinfonía debe ser como el mundo — debe contenerlo todo». Sus sinfonías duran hora y media cada una. En ellas hay música popular, ritmos de marcha, canciones infantiles y la pregunta por la muerte.
Nació en Bohemia en 1860, en una familia judía. Desde los treinta años fue director de orquesta — Praga, Leipzig, Budapest, Hamburgo. En 1897 llegó la Ópera de Viena, el primer puesto musical de Europa. Se bautizó católico: a los judíos no los admitían.
Dirigió durante diez años — brillante, duro, exigente. La composición la reservaba para los veranos. Nueve sinfonías y La canción de la tierra — ese era su mundo.
En 1907: murió su hija, su esposa Alma le fue infiel, los médicos le encontraron una lesión cardíaca. Partió a Nueva York a dirigir en el Metropolitan Opera. Murió en 1911, con la Décima sinfonía inacabada.