
«El libro de Lázaro de Tormes» es el título convencional de un ciclo de obras construidas en torno a un solo héroe, cuyo cimiento es la «Vida de Lazarillo…», publicada anónimamente a mediados del siglo XVI — la historia de un muchacho al que la pobreza brutal y el hambre obligan a convertirse en el más astuto de los pícaros.
El relato apareció en pleno apogeo de la Inquisición española y fue prohibido más tarde por la Iglesia católica — cosa nada extraña, pues volcaba los valores recibidos de la época de Carlos V: la devoción ciega al «código del honor», el heroísmo de fachada, la observancia hipócrita de los ritos religiosos. Con el tiempo engendró una inmensa tradición literaria y se convirtió en un hito de la historia de la literatura universal, una de las obras más brillantes del Renacimiento. De este librito arrancó la novela picaresca española — y, más ampliamente, la novela europea moderna.
Su figura central, un burlador y «antihéroe», resultó un símbolo tan poderoso de la época que ni la literatura nacional de España ni la literatura mundial entera pueden ya imaginarse sin este texto. Poliédrico y polifónico, el pregonero de Toledo cariñosamente apodado Lazarillo ha sido reconocido con justicia como arquetipo nacional, y ocupa su lugar junto al primer héroe de las letras españolas, el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.