La Puerta de Ishtar figura entre las obras maestras más reconocibles del arte antiguo: la entrada ceremonial de Babilonia, construida bajo Nabucodonosor II, que gobernó la ciudad en el siglo VI a. C. Nunca fue un mero acceso a la ciudad. Era una declaración de la grandeza de Babilonia y de su cultura. Sus muros están revestidos de ladrillo vidriado con figuras en relieve de toros, dragones mushhushshu y leones sobre un fondo de azul resplandeciente — una combinación que hace de la puerta algo genuinamente distinto de todo lo demás que sobrevive del mundo antiguo.
La puerta es en sí misma el principal monumento del arte neobabilónico, pero no estaba sola. Pertenecía a un conjunto arquitectónico mayor de templos, palacios y otras construcciones, y es precisamente esta fusión de arquitectura, arte y símbolo la que da a la Puerta de Ishtar su peso en la cultura de la Antigüedad.
Las ideas que la sostenían hundían sus raíces en la religión y el mito babilónicos. Los animales y las criaturas míticas de sus muros llevaban un hondo sentido simbólico, expresando las creencias y los valores de la sociedad que los hizo; la puerta en su conjunto proclamaba la majestad y el poder del imperio babilónico y exhibía su logro cultural y artístico. Su contribución a la cultura del mundo antiguo fue inmensa, y desde entonces no ha dejado de inspirar al arte y a la arquitectura.
Como muchas obras maestras, tuvo un destino difícil. Tras la caída del imperio babilónico la puerta fue olvidada y cayó en ruinas. Solo a finales del siglo XIX fue excavada y reconstruida en el Museo de Pérgamo de Berlín, donde es hoy una de sus principales atracciones. Ese largo arco de esplendor, olvido y recuperación no hace sino acrecentar su aura.
La Puerta de Ishtar importa hoy no solo como obra maestra del arte antiguo, sino como emblema de una herencia cultural compartida. Es un recordatorio de que el arte puede atravesar el tiempo y la distancia, uniendo a gentes de edades y civilizaciones distintas — que es lo que la hace una obra verdaderamente perdurable y universal, que sigue asombrando.