Hermann Hesse figura entre los escritores más absorbentes y difíciles del siglo XX. Nacido en una pequeña ciudad alemana, creció rodeado de literatura y de música, en una época de grandes convulsiones cuyo centro fue la Primera Guerra Mundial — una experiencia que moldeó toda su visión del mundo. Reclutado por el ejército, pronto desertó, y aquello fue un punto de inflexión en su vida: en Alemania el acto se leyó como traición, pero para Hesse fue un paso en el camino hacia el pacifismo.
Sus obras principales son novelas que se han convertido en clásicos de la literatura universal. El lobo estepario, quizá la más famosa de ellas, fue escrita en un momento de crisis personal: la historia de un hombre joven que intenta encontrar su lugar en el mundo y que, en esa búsqueda, se enfrenta al lado oscuro de su propia psique. Otros libros notables — Demian y Viaje al Oriente — labran el mismo terreno de la identidad, la espiritualidad y la búsqueda del sentido de una vida.
Las ideas centrales de Hesse brotaron de su pacifismo y de su querella con la sociedad burguesa. La verdadera libertad y la felicidad, creía él, solo podían conquistarse renunciando a los valores materiales y volviéndose hacia la vida interior. Sus libros dejaron una huella considerable en la cultura, sobre todo en los años sesenta, cuando se convirtieron en la biblia del movimiento juvenil: Hesse se transformó en emblema de la rebeldía y del inconformismo, y sus ideas lanzaron a toda una generación a buscar nuevos valores y un nuevo sentido de la vida.
Su propia vida estuvo llena de penurias y de paradojas. Su postura contra la guerra lo obligó a salir de Alemania, y pasó la mayor parte de sus años en Suiza. Aunque su obra era apreciada en ciertos círculos, permaneció largo tiempo desconocido para el gran público; solo en los años sesenta sus libros se convirtieron en éxitos de venta, y recibió el Premio Nobel de Literatura — reconocimiento de su aportación y prueba de que sus ideas habían encontrado al fin a sus lectores.
Hesse importa hoy porque sus preocupaciones — la búsqueda de sentido, la primacía del mundo interior, la necesidad de soltar lo material — no han perdido nada de su urgencia. Sus libros siguen enviando a los lectores en busca de nuevos valores y de un nuevo sentido de sus vidas, y su legado de escritor y pensador perdura. Con todas sus dificultades y contradicciones, sigue siendo uno de los escritores más cautivadores e influyentes del siglo XX, y su obra continuará leyéndose y estudiándose durante generaciones.