Gueorgui Ivánov emigró en 1922 y no regresó jamás. Vivió en París, escribiendo poemas sobre cosas que ya no existían — Petersburgo, Rusia, su juventud. La desintegración del átomo, su única obra en prosa, él mismo la llamó «un documento de la desesperación».
Nacido en 1894, fue un poeta petersburgués, un acmeísta cercano a Gumiliov y a Ajmátova: versos hermosos, una vida elegante. Luego vino la Revolución, y todo aquello se desvaneció.
La emigración significó pobreza y trabajos de ocasión. Rosas (1931), Partida hacia la isla de Citera, Retrato sin parecido — las colecciones tardías, en las que la belleza de las rimas convive con una desesperación absoluta del sentido.
«Rusia es felicidad. Rusia es luz. / O tal vez no haya ninguna Rusia». Murió en 1958, en un asilo de ancianos de Hyères.