Juan nació en Antioquía, en el territorio de la actual Turquía, y se formó en retórica y filosofía. Se hizo monje y comenzó su vida espiritual en la soledad.
Juan Crisóstomo es recordado por sus sermones profundos y conmovedores, en los que abordaba las cuestiones sociales y morales más urgentes. Su enseñanza insistía en la misericordia, en la justicia social y en el deber de cuidar de los pobres.
En 398 fue nombrado arzobispo de Constantinopla. En ese cargo siguió predicando con vigor y reformando la vida de la Iglesia — un rumbo que por momentos le ganó el disgusto de las capas altas de la sociedad y del clero.
Su crítica implacable de los ricos y poderosos lo llevó al conflicto con ellos, y dos veces fue expulsado de Constantinopla al destierro. Sus destierros se convirtieron en símbolo de la lucha por la verdad y la justicia.
Crisóstomo dejó un extenso corpus de escritos, que incluye comentarios a la Sagrada Escritura, cartas pastorales y sermones. Sus obras han ejercido una influencia notable en la teología y la práctica cristianas.
Juan Crisóstomo es venerado como santo en diversas tradiciones cristianas; su fiesta se celebra el 13 de noviembre (según el calendario juliano) o el 26 de enero (según el gregoriano).