Iván Bunin recibió el Premio Nobel en 1933: en el exilio, en París, sin patria, sin ingresos, sin esperanza de regreso. El dinero se fue pronto: lo regalaba, invitaba a todos, nunca supo guardarlo.
Había nacido en Vorónezh en 1870, en una familia noble empobrecida. No terminó la escuela: le enseñó su hermano. Lo leyó todo. Empezó como poeta y luego pasó a la prosa. Las manzanas de Antónov, La aldea, Sujodol: una Rusia en trance de desaparecer, olor a hojas podridas y a arreos de caballo.
Odió la revolución. Días malditos, su diario de 1918–1919, es horror, furia, dolor. Emigró en 1920 y no volvió jamás.
Alamedas oscuras, un libro de relatos de amor, fue escrito durante la guerra, en Grasse. El amor, en Bunin, es siempre tragedia, siempre pérdida. Murió en París en 1953 y está enterrado en Sainte-Geneviève-des-Bois.