Nadie sabe de dónde salió.
Hieronymus Bosch — el Bosco — vivió en la ciudad holandesa de 's-Hertogenbosch entre los siglos XV y XVI. Pertenecía a una piadosa hermandad religiosa; se confesaba y asistía a misa. Ni escándalos ni locura en su vida — todo en perfecto orden.
Y en las tablas: criaturas con cuerpo de pez y cabeza de pájaro, gente devorada por dentro y por fuera, naves voladoras con forma de oreja, huevos partidos de los que salen diablos arrastrándose. ¿De dónde salía todo aquello?
El Bosco nació hacia 1450. Hieronymus era un nombre adoptado — su verdadero nombre era Jeroen van Aken. Su abuelo, su padre y sus tíos fueron todos pintores. El apellido lo tomó de su ciudad: Bosch.
Sus trípticos se pintaron para iglesias y para clientes acomodados: El jardín de las delicias, El Juicio Final, El carro de heno. Cada uno en tres tablas: a la izquierda, el paraíso, o el comienzo; en el centro, el mundo en caos; a la derecha, el infierno.
El jardín de las delicias es el más famoso. En su tabla central, gentes y criaturas llenan un jardín — se bañan, comen frutas, se entregan a extrañas ocupaciones. ¿Es pecado? ¿Deleite? ¿Un sueño? Nadie está seguro hasta hoy.
Las interpretaciones se cuentan por centenares. Pintaba símbolos alquímicos. Ilustraba refranes populares. Veía alucinaciones. Era simplemente muy sabio y muy extraño.
Murió en 1516, dejando unos veinticinco cuadros — y un enigma para los siglos.