Antonio de Súrozh —el metropolita Antonio Bloom— pasó casi toda su vida en Londres y predicó en inglés y en francés, y sin embargo siguió siendo uno de los teólogos ortodoxos más leídos en Rusia.
Nació en 1914 en Lausana, hijo de un diplomático ruso. Infancia en Persia; después, tras la revolución, la emigración y París. De joven fue un ateo convencido. Hasta que, a los diecisiete años, leyó el Evangelio, y algo cambió: «Sentí que al otro lado de la página había una presencia viva».
Se hizo médico. Durante la guerra trabajó en la Resistencia, monje en secreto. Después fue ordenado sacerdote y, con el tiempo, llegó a ser obispo de la Iglesia ortodoxa rusa en Gran Bretaña. Durante cincuenta años dirigió su parroquia londinense.
Sus libros —«Vida. Enfermedad. Muerte», «La oración y la vida», sus charlas sobre la oración— son conversaciones sobre la fe sin sentimentalismo y sin palabras vacías. Hablaba de la duda, del silencio, de un Dios que no consuela sino que exige. Murió en 2003 y está enterrado en Londres.