A Innokenti Ánnenski no le alcanzó el tiempo. Su primer libro de poemas, Canciones quedas, apareció en 1904, bajo seudónimo, cuando él tenía cincuenta años. El segundo, El cofre de ciprés, salió póstumo, en 1910. Murió en la escalinata de la estación de Tsárskoye Seló: el corazón le falló.
Nació en Omsk en 1855. Filólogo clásico, director del gimnasio de Tsárskoye Seló, tradujo a Eurípides — todas y cada una de las tragedias — al ruso. Ese fue su gran trabajo oficial.
Los poemas eran otra cosa muy distinta: impresionismo, dolor, los objetos como portadores del estado de ánimo. Ajmátova lo llamaba su maestro; también Pasternak. Fue un simbolista de pie entre dos épocas.
«Entre los mundos», «El arco y las cuerdas», «El viejo organillo» — cosas que no envejecen.