Katsushika Hokusai es uno de los artistas más fascinantes de la historia del arte japonés. Nacido en Edo, el actual Tokio, vivió el período Edo, una época de grandes cambios y de florecimiento cultural en Japón. Fue un maestro del ukiyo-e, el género del grabado en madera que tomaba por asunto la vida cotidiana, el paisaje y las escenas del mito.
El lugar principal entre sus obras lo ocupa la famosa serie Treinta y seis vistas del monte Fuji, en la que representó la majestuosa montaña desde distintos puntos de vista y en distintas condiciones. Estampas como La gran ola de Kanagawa y el Fuji rojo se convirtieron en emblemas del arte japonés, y siguen siendo ampliamente conocidas y admiradas. Hokusai fue además prodigiosamente prolífico: su legado suma millares de estampas, pinturas e ilustraciones.
Fue un artista siempre en busca de la novedad y de la perfección. La línea, creía, era el fundamento del arte, y pasó años afinando su dominio de la línea y de la forma. Su convicción central era que el arte debe ser sencillo y a la vez expresivo: que una línea puede llevar en sí toda la gama de la emoción y de la sensación. Su contribución a la cultura fue ayudar a que el arte japonés se conociera en el mundo entero e inspirar a generaciones de artistas y diseñadores.
Su vida estuvo llena de paradojas y de penalidades. Cambió de nombre más de treinta veces — cosa insólita incluso entonces —, convirtiéndose cada vez en «otro» artista. Perfeccionista, rara vez quedaba satisfecho de lo hecho, y esa insatisfacción lo mantuvo en constante movimiento creador. A los noventa años dijo que apenas empezaba a entender cómo funciona la línea, y pidió al cielo diez años más para seguir creando. La petición no le fue concedida; murió poco después.
Pese a su vida relativamente corta, el legado de Hokusai sigue vivo e inspirador. Su arte continúa fascinando a los espectadores del mundo entero, y sus ideas sobre la sencillez y la expresividad de la línea siguen hablando a los artistas y diseñadores de hoy. Su pasión por el trabajo y su búsqueda incesante de la perfección hacen de él un modelo para cualquiera que se sienta llamado al arte y al diseño. Hokusai sigue siendo una figura esencial de la historia del arte, y su obra continúa inspirándonos y fascinándonos hoy.