Evgueni Baratynski fue un poeta del pensamiento, no del sentimiento. Sus versos no hablan de lo que duele, sino de por qué duele. «Es original entre nosotros», dijo de él Pushkin, «porque piensa».
Nació en 1800 en la provincia de Tambov. Expulsado del Cuerpo de Pajes por un robo — menudo, de muchacho —, cumplió una especie de condena como soldado raso en Finlandia. Allí escribió sus versos: naturaleza finlandesa y melancolía rusa.
El baile, La concubina, El otoño — los poemas narrativos. Crepúsculo (1842) fue su último libro, donde el pesimismo se endureció de estado de ánimo en sistema de ideas: la «enfermedad del siglo», el desencanto del progreso y de la ilustración.
Murió en Nápoles en 1844, de pronto. Belinski no lo apreció en vida. El siglo veinte volvió a pensarlo.